La madre de mi amigo Marcos

Anal

La madre de mi amigo Marcos
En el último año de la secundaria teníamos que construir cada tanto alguna maqueta de arquitectura; lo cual llevaba esfuerzo, bastante tiempo y había que hacerlo en equipo.
Para ello yo me reunía con Marcos y Néstor, dos de mis buenos amigos y compañeros en esa época de juventud. Para uno de los trabajos, decidimos reunirnos en la casa de Marcos, ya que su habitación era bastante espaciosa.

Llegué a su casa después de cenar y me atendió la madre de mi amigo, que se llamaba Sonia y era una mujer madura pero atractiva. A veces, según cómo iba vestida, de solo verla se me endurecía la verga, ya que era una mujer sensual, con un cuerpo de curvas infernales y unas piernas matadoras.

Al abrirme la puerta, pude ver que llevaba un vestido de verano muy discreto, que dejaba apreciar sus largas y torneadas piernas. La saludé con un beso en la mejilla y me dirigí a la habitación de Marcos.
Néstor ya estaba allí y entonces comenzamos a diseñar el proyecto y a recortar cartones y maderas.

Cerca de la medianoche tuve sed y Marcos me dijo que fuera a la cocina; allí encontraría algo fresco en la heladera. Al salir de su cuarto, me dirigí por el pasillo que daba a la escalera. Al pasar por el dormitorio de los padres de mi amigo, me sorprendió escuchar unos agudos gemidos y jadeos que provenían desde adentro. Supe que estaban cogiendo y me excitó pensar que esa sensual mujer estaba detrás de esa puerta siendo poseída por su marido.

Me quedé quieto y en silencio por unos instantes, tratando de escuchar todo lo que ocurría en esa habitación. En ese momento también se oía crujir la cama, mientras Sonia entre gemidos ahogados le pedía a su esposo que la cogiera más fuerte. Entonces los chirridos de la cama se redoblaban, al igual que los suspiros y jadeos desea mujer.
Estuve en ese pasillo oscuro escuchando hasta que ella acabó, aullando como una perra en celo. Mi verga me dolía dentro de mis pantalones; pero no me animé a sacarla y a hacerme una paja…

Unos pasos amortiguados me indicaron que uno de ellos se dirigía hacia la puerta; así que rápidamente encaré las escaleras y escapé hacia la cocina.

Unos segundos después apareció Sonia en la cocina. Llevaba un camisón negro transparente que dejaba adivinar sus magníficas tetas y una breve tanga negra que apenas le cubría el pubis depilado.
Ella no se sorprendió al encontrarme allí; pero ni siquiera hizo ademán alguno para tapar sus hermosas tetas de mis ojos hambrientos. Pude apreciar la oscuridad de sus areolas y que sus pezones estaban erectos.

Me quedé paralizado y con la boca abierta; sin poder evitar quitar mis ojos de sus tetas. Reaccioné para pedirle disculpas. Pero ella sonrió y me dijo que me quedara tranquilo. Bajó la vista y seguramente pudo apreciar mi erección inocultable dentro de mis pantalones. Ella volvió a sonreír…

De pronto Sonia abrió la puerta de la heladera y se inclinó para buscar algo adentro, doblando su cintura, sin flexionar las piernas. Ello provocó que su breve camisón se levantara un poco y me permitiera ver su firme culo en pompa; ya que la diminuta tanga se pedía entre esos perfectos cachetes..
Sentí que mi verga iba a explotar; pero no podía ni siquiera dar un paso para salir de ese lugar.
De pronto ella volteó su cabeza para mirarme y sonreír otra vez.

Me preguntó si yo necesitaba algo y le pedí un vaso de jugo frío.
Sirvió dos copas y nos sentamos a conversar mientras tomábamos.

Sonia me miraba con una expresión entre pícara y morbosa; la muy turra sabía que me tenía muy caliente mirándole las tetas casi al descubierto. Sus pezones seguían erizados bajo esa tela transparente.

De repente me espetó si me gustaban sus tetas; respondiendo enseguida ella misma que seguramente no, porque ya era una mujer mayor que no excitaba a nadie, ni siquiera estando desnuda…

Cuando dijo eso, mi verga se endureció del todo y tuve que abrir la bragueta para liberarla de su encierro; aunque Sonia no la pudo ver, ya que quedaba oculta bajo el mantel de la mesa…

Le respondí que, por el contrario, ella era una mujer todavía joven y que a mí me resultaba muy atractiva. Entonces esta vez comenzó a reírse, mientras yo me excitaba y endurecía al máximo, imaginando esos labios pulposos alrededor de la cabeza de mi pija dura…

Sonia corrió su silla hacia atrás; abrió sus muslos y me preguntó si también me gustaba su tanga negra. Miré hacia abajo y entonces pude ver la tela humedecida y enterrada entre los pliegues de sus labios vaginales…

De pronto Sonia se levantó y pudo ver mi verga erecta que ahora ya levantaba el mantel. La destapó y sonrió complacida, preguntándome cómo un chico tan joven podía tener una pija tan enorme como la mía…

Me puse rojo e hice un rápido movimiento para intentar guardarlo otra vez; pero ella me detuvo la mano. Se arrodilló frente a mí y tomó mi verga entre sus labios, como siempre yo había soñado.
Yo ya no era virgen, pero nadie jamás me había chupado la pija y menos todavía una mujer madura tan sensual.
Su cabeza subía y bajaba sobre mi pija. Sonia se la tragaba casi entera.

Después la sacaba y la acariciaba con la punta de su sedosa lengua, llevándome casi a la locura. Me estaba dando una mamada tremenda.

Cuando sentía que estaba por llegar al orgasmo, Sonia se puso de pie y se acercó a mí. La tomé por la cintura e intenté empalarla sobre mi verga erecta; pero ella se negó. Dijo que ella también merecía disfrutar de mi habilidad oral, si era que yo la tenía.
Entonces me levanté y la empujé contra la mesa. Sonia cayó de espaldas y yo me abalancé sobre su voluptuoso cuerpo, arrancándole de un tirón esa diminuta tanga empapada.

Comencé lamiendo y chupando sus pezones erectos, para enseguida ir descendiendo por su vientre hasta llegar a su labia bien depilada. Sus labios estaban bastante dilatados e inflamados. Pronto mi lengua inquieta pudo sentir el sabor del semen de su esposo; pero eso ya no me importaba. Le chupé la concha con ferocidad, mientras Sonia se mordía una mano para no aullar de placer.

La dilaté más todavía con mis dedos, sin dejar de chupársela. Notaba que esa vagina ya estaba chorreando y Sonia gemía al contacto de mi lengua, mientras arqueaba la espalda para que su pubis fuera al encuentro de mi boca.
En un momento, lanzó un gran gemido que apenas pudo ahogar su mano y me llenó la boca con sus jugos. Esa mujer había acabado en mis labios…

Luego de un rápido descanso, Sonia bajó de la mesa y tomó mi verga entre sus manos, logrando que enseguida volviera a ponerse tiesa. Luego me sentó en una silla y cabalgó sobre mi falda. Se empaló con rapidez sobre mi verga dura y ahí se quedó quieta. Haciéndome sufrir con la espera…

Yo gemí de placer, era la sensación más excitante de mi vida tener a esa mujer madura encima de mi verga. Sonia comenzó a moverse y a gemir, mientras a mí me excitaba verla cabalgar encima de mi pija.

Le pellizcaba los pezones mientras tanto; ella gemía y seguía balanceándose adelante y atrás. En un momento mi cuerpo se estremeció y estuve a punto de acabar; pero me contuve y seguimos un poco más.

Al final ya no pude aguantar más: la tomé por la cintura, afirmándola sobre mi verga y le llené la concha con mi leche caliente. Sentí que la cabeza me explotaba mientras acababa dentro de su cuerpo. Sonia sonrió y entonces supe que ella también había tenido otro orgasmo, junto con el mío…

Ella cayó rendida sobre mí con mi verga todavía dentro de su vientre.

Luego Sonia se levantó y en ese momento pude ver la firmeza de sus nalgas; lo cual me excitó nuevamente, logrando que mi pija se pusiera otra vez dura. Sin dudarlo, la empujé contra la mesa obligándola a doblar su cintura e intenté metérsela por el culo. Pero ella apretó sus nalgas y dijo que ni siquiera su marido se la había metido alguna vez por el culo.

Saber eso me provocó una excitación morbosa todavía más grande y entonces insistí con suavidad. Al final accedió, pero con una condición.
Ella iría metiendo mi pija despacio, manejando la situación; porque me dijo que era muy estrecha y no quería gritar de dolor…

Buscó un aceite especial y lo esparció en la entrada de su apretado ano. Luego se puso en cuatro y yo me ubiqué detrás de ella. Tomó la punta de mi verga y la fue introduciendo despacio en su estrecha entrada trasera.

Apenas había metido mi glande, cuando Sonia se quejó e intentó sacársela de su culo; pero yo la aferré por la cintura y empujé hacia adelante.
Un alarido desgarrador salió de sus labios mientras mi verga llegaba al fondo de su ano con una sola embestida de mis caderas. Ella volvió a quejarse y me insultó, diciendo que le había partido el culo en dos…

Se la dejé bien adentro, para que su ano dilatara un poco.
Sonia dejó de quejarse y me pidió que le cogiera el culo con todo.
Como un buen chico obediente, comencé a bombearla con todo mi ímpetu, viendo cómo Sonia trataba de ahogar sus gritos y jadeos.

En un momento su cuerpo tembló y supe que ella había tenido otro orgasmo, mientras mi dura verga la sodomizaba sin misericordia.
Al rato mi espalda se tensó y acabé dentro de la estrechez de ese culo.

Cuando regresé a la habitación de Marcos, mis dos amigos me miraron extrañados. Había estado afuera casi una hora…

Cuando Marcos se excusó para ir al baño; Néstor me miró sonriente…

Me dijo que yo era un hijo de puta bastante suertudo al disponer de tanto tiempo en la cocina.
Agregó que él nunca tardaba más de veinte minutos en esa misma cocina para cogerse a la madre de nuestro amigo…

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