Entregando a Lorena 36

Babes

Entregando a Lorena 36
Esa tarde fui de compras con Lorena a un enorme supermercado.
Ella iba caminando por delante y ver el balanceo de sus caderas comenzó a provocarme una tremenda erección. Finalmente me acerqué a ella por detrás y apoyé mi bulto contra sus suaves y redondas nalgas…
“Ufff, cómo estamos hoy…” Susurró Lorena con cara de sorprendida.

“Hoy estás infernal… te cogería aquí mismo, entre las góndolas…”
Ella se deshizo de mi abrazo diciendo que se veía fea y poco deseable.

Antes de que yo pudiera contestar, un chico de unos veinte años que estaba agachado reponiendo mercaderías intervino diciendo:
“Sin faltarte el respeto a tu mujer, yo coincido con vos, flaco…”

Se puso de pie y entonces pude ver un tremendo bulto en sus pantalones. Lorena bajó la vista por unos segundos para mirar ese bulto y naturalmente, el pibe notó eso, pero apenas sonrió sin decir palabra.

“Te agradezco el comentario… gracias por querer hacerme sentir bien…”
Dijo mi esposa, mirando otra vez disimuladamente la entrepierna del pibe.

Después lo miró a los ojos y seguimos caminando como si nada.

Esa noche luego de cenar, Lorena se levantó de la mesa para lavar los platos. Aproveché para tomarla desde atrás. Le acaricié sus hermosas tetas por sobre la camiseta de algodón y ella apoyó su cabeza en mi hombro.

Una de mis manos descendió por su cuerpo y pronto comenzó a juguetear con el elástico de sus calzas; mientras Lorena comenzaba a gemir …
Deslicé mis dedos por sobre su tanga, acariciando sus labios externos. Pronto noté que se humedecían al contacto.
Estuve acariciándola un buen rato, mientras ella jadeaba y suspiraba con los ojos cerrados, cada vez más caliente.

“Parece que le gustaste a ese chico…” Le susurré al oído.
Ella no me contestó, pero sus gemidos aumentaron de volumen, mientras su tanga se mojaba literalmente por completo…

“Tenía un bulto grande… se le habrá puesto así por vos…?” Insistí.

Lorena suspiró y acabó entre mis dedos, que ahora habían corrido la tanga a un lado y se deslizaban sin dificultad dentro de su concha empapada.

“El pendejo también se dio cuenta de que le miraste el bulto…” Le dije.

Lorena dejó de gemir y metió la mano tratando de acariciar mi propio bulto.
“Hmmm… ya estás listo para cogerme…” Dijo entre suspiros.

“Te dejó bien caliente ese chico…” Insistí, redoblando la apuesta.

“Basta… o me vas a hacer enojar y te vas a quedar caliente…”

“Me parece que más caliente vas a quedar vos… después de cómo le miraste el bulto a ese pobre chico, lo dejaste caliente a él también…”

Entonces me empujó sobre una silla, al mismo tiempo que sacaba mi verga entre los pliegues de la bragueta. Se quitó rápidamente las calzas y corrió la tanga a un lado. Luego apoyó sus manos sobre mis hombros y me cabalgó, metiéndose mi verga hasta el fondo en un solo empujón…

Lorena estaba muy, muy caliente. Comenzó a moverse con mi pija empalada en su cuerpo. Cerró los ojos y se abandonó a su propio placer.

“Te gustó ese pendejo… te dejó bien caliente…” Insistí.

“A vos te gustó que me mire… y que yo le haya mirado el bulto…”
“Se notaba que debe tener un pedazo enorme…no pude evitar mirarlo…”

De repente clavó su pelvis contra mi verga; podía notar a mi mujercita cada vez más caliente y excitada…

“Me hubiese encantado tocarla y chuparla bien… ahhh…. y que me la clavara bien adentro ese chico… ahhh… qué lindo sería poder hacerlo”
Ahora podía notar que mi esposa estaba entrando en uno de esos orgasmos infernales que parecen no tener fin; pero entonces ella se levantó de golpe, justo cuando mi verga comenzaba a escupir toda la leche en el aire…

“Estás mucho más caliente que yo, amor… Te espero en la cama…”

Me besó en los labios y dio media vuelta, deslizando la tanga por sus piernas y quitándose la camiseta por sobre los hombros. Balanceó sus magníficas caderas desnudas y desapareció rumbo al dormitorio.
Esa noche cogimos como conejos. Ella me hizo acabar dos veces más en la cama y yo le arranqué a ella cuatro orgasmos bien audibles, como para escandalizar a todo el vecindario.

Un par de días después, al llegar temprano de mi oficina, encontré a mi dulce mujercita vestida como para salir. Me dijo que necesitábamos algunas cosas del supermercado. Estaba hecha una diosa, con un vestido corto nuevo que le remarcaba bien la cola y zapatos de taco alto que le estilizaban todavía más sus largas piernas.

Lorena me dijo que estaba muy caliente con ese pibe del supermercado…

Al llegar al lugar no lo pudimos ver de entrada, pero luego de dar algunas vueltas, el chico apareció acarreando algunas mercaderías desde la zona del depósito.
Mi mujercita me sonrió y me dijo que esperara allí, mientras ella se adelantaba a conversar con él. Ya podía adivinar sus locas intenciones…

Conversaron por un rato y luego ella se alejó, moviendo sus caderas con cierta exageración; mientras el pibe la miraba y se acomodaba el bulto…

Lorena regresó sonriente. Le pregunté qué había pasado.

“Se llama Tiago… lo invité a casa… sale a las siete…”

Dimos una vuelta por otros negocios cercanos, tomamos un café y cerca de las siete de la tarde pasamos a buscar al chico… a Tiago…

Se sentó en el asiento de atrás luego de saludarme y hablamos muy poco durante el trayecto a casa. Al llegar ambos nos sentamos en los sillones del comedor, mientras Lorena servía unas cervezas.

Mi esposa se sentó junto a él y comenzamos a conversar…
Después de un rato, Lorena dejó apoyada su mano sobre el muslo del pibe.
A ella y a mí no se nos escapó el detalle: el bulto de él era muy notorio.
De repente mi esposa se arrodilló en el piso junto al sillón y desabrochó los pantalones de Tiago, que se dejó hacer sin decir palabra.
Pronto su enorme verga quedó libre y, antes de que él o yo pudiéramos reaccionar, Lorena ya estaba lamiendo con deleite esa cosa magnífica…

El tamaño de esa pija era realmente impresionante, con sus venas bien marcadas y el glande muy grueso. Pensé que Lorena iba a disfrutar esa cosa en su concha, pero le iba a doler un poco también…

Ella parecía hipnotizada mientras lamía y chupaba esa verga erecta. El pibe tenía los ojos cerrados y suspiraba suavemente, mientras mi esposa jugaba con eso que pronto iba a estar metido en el fondo de su caliente vagina.

De repente el chico tomó la cabeza de mi esposa entre sus manos, diciéndole que ya no aguantaba más; de seguir así, iría a acabar en pocos segundos más.
Ella pareció despertar de un sueño. Lo miró y se incorporó. Se apoyó contra el respaldo del sillón y levantó su breve vestido, mostrándole al chico su redondo culo, apenas cubierto por una diminuta tanga de seda negra…

Tiago sacó un forro de su bolsillo y enseguida se lo calzó en su enorme verga, sin dejar de mirar extasiado el trasero que le ofrecía mi esposa.

Lorena giró su cabeza para mirarme y se mordió un labio, mostrándome su expresión de calentura y ansiedad mientras esperaba que el pibe tomara su lugar detrás de ella.

Por fin Tiago se acercó, pero en vez de penetrarla, comenzó a jugar con Lorena, rozando con la punta de su verga la tanga ahora empapada.

Ella se volvió para mirarlo, suplicándole ya con desesperación;
“No me hagas desear más, nene… cogeme de una buena vez por favor…”

Lo vi sonreír maliciosamente, mientras le corría la tanga a un lado y se la iba metiendo de a poco, hasta el fondo, despacio pero sin pausa.
Mi mujer gimió bastante, sintiendo esa poderosa verga abrirse paso en su vagina. Desde donde estaba, podía ver sus labios externos envolviendo esa tremenda verga dura, apretándola para no dejarla escapar.

Tiago la aferró por la cintura y comenzó a bombearla con más ritmo, mientras ella empezaba a jadear y a gemir con más ganas…
“Me encanta la concha de tu mujer, flaco…” Me dijo mirándome.
Ella no decía nada, pero cada vez gemía más y más, mientras el pibe arremetía con toda la potencia posible, en un duro mete y saca…

En ese momento sentí que mi propia verga no resistía más el encierro. Tiago me sonrió, diciéndome que me pajeara tranquilo, mientras él se cogía a mi mujercita.
Lorena giró la cabeza para mirar cómo yo me hacía la paja.
Largó una carcajada y le dijo al chico;
“A mi marido le encanta ver cómo me cogen otros machos…”

Mientras yo me masturbaba, el pibe la tomó por los cabellos y le tiró la cabeza hacia atrás, para comerle los labios en un beso profundo, sin dejar de arremeterle la concha con su tremenda pija.
Lorena gemía y aullaba de placer; cada tanto alguna embestida más violenta la hacía gemir de dolor también.

Por mi parte, sintiendo que estaba por acabar, me levanté para dirigirme a la cocina. Desde allí pude distinguir claramente que Lorena alcanzaba su primer orgasmo; no me quedaba ninguna duda, por la manera en que aulló como una posesa y a todo pulmón.
Al regresar pude ver que todavía el pibe la estaba bombeando, pero me pareció ver que algo había cambiado…

La cara de mi mujercita estaba transfigurada, pero no tanto por placer, sino que parecía estar gimiendo de dolor.
Entonces me di cuenta, de que ese pendejo hijo de puta, luego de hacerla acabar, ahora le había metido su verga por el culo a mi delicada esposa.
La estaba sodomizando con esa pija monstruosa y Lorena se la aguantaba lo mejor posible.

Tuve que ir al baño y cuando regresé, ellos habían cambiado posiciones. Ahora Tiago estaba sentado sobre el sillón y Lorena lo cabalgaba con todas sus ganas. Ella seguía con el vestido puesto y eso no me permitía ver si el pendejo la tenía otra vez empalada por el culo.

Entonces la cara de sufrimiento que denotaba de mi esposa me confirmó mis peores temores; el pibe prefería provocarle dolor más que placer.

Estuvo empalado en el culo de mi esposa por un buen rato; hasta que finalmente, la tomó por la cintura y la sacó de encima de su regazo. La hizo arrodillar frente a él y, luego de arrancarse el forro, metió la verga en la delicada boca de Lorena. Pude notar cierto alivio en su bello rostro.

Tiago la tomó por la nuca, obligándola a tragarse todo el largo de su poderosa pija. Después fue acompañando suavemente el movimiento de la cabeza de Anita, hasta que en un momento se tensó y entonces supe que estaba acabando en la garganta de mi esposa…

El pibe terminó de gemir y luego tomó a Lorena por los cabellos, haciéndola poner de pie. La besó en los labios, mientras le acariciaba las nalgas por debajo del vestido.
Se vistió y la besó nuevamente, diciéndole que volverían a verse…

Luego de despedirlo, arrastré a mi esposa hasta la cama y la monté en posición de misionero. Mientras la bombeaba con todas mis ganas le dije que era una perfecta puta y ella se rio a carcajadas…

“Te gustó que me comportara como una puta… me encanta tu pija así dura…vamos a repetirlo con Tiago… te va a encantar a vos también”

Continué bombeándola con furia, enojado… porque sabía que ella tenía razón; mi verga dura denotaba la excitación que me había provocado ese pendejo cogiéndose a mi mujercita en mi presencia…

Lorena acabó dos veces antes de que yo me vaciara en su ahora dilatada vagina. Tuve un tremendo orgasmo y me quedé despatarrado sobre la cama entre sus muslos calientes y húmedos.

El teléfono de Lorena comenzó a sonar. Ella miró la pantalla sonriendo:

“Es Tiago…”

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