Atinan-En un balneario de Praga

Amateur

Atinan-En un balneario de Praga
Atinan-En un balneario de Praga

Hace unas semanas fui con unas amigas a Praga de viaje, una especie de reencuentro después de meses sin vernos. Estaban Rosa, Gema y Vanesa, y nos íbamos a encontrar con Sara, que estaba con su novio viviendo allí. Durante el viaje no hay mucho que decir, un grupo de chicas de fiesta, visitando museos y conociendo la ciudad. Todo iba bien hasta que una de mis amigas, insistió en ir a un spa que había en un parque acuático. Hasta aquí todo normal, no hubo inconvenientes. Pero menuda sorpresa nos llevamos todas (excepto Sara, que nos había propuesto ir allí) al descubrir que teníamos que ir desnudas, solamente podíamos llevar una toalla en cuanto saliésemos del jacuzzi o las piscinas. Como habíamos pagado la entrada, aceptamos entrar igualmente, aunque personalmente, me pareció una locura, ni siquiera iba bien depilada! En fin, que le vamos a hacer…
Para ir acostumbrándonos a ir en bolas entramos primero en la sauna, dónde podías estar con la toalla, aunque éramos las únicas, todos y todas los que estaban ahí iban como Dios les trajo al mundo, llenos de sudor.
Si me fijé en los hombres? Pues no, bastante tenía estando casi desnuda y brillante de sudor en un sitio lleno de desconocidos y con mis amigas. Aunque eso sí, nos entró la risa tonta en seguida, por la situación en general supongo. Después de estar un rato sudando, cuando ya no podíamos más, nos fuimos a un jacuzzi. Buscamos uno que estaba un poco apartado y en el que no había nadie. Aún así, el momento de quitarnos la toalla y entrar fue para nosotras (al menos para mi) un momento de corte total. Hasta que entramos en el agua, que con la espuma no se nos veía nada. Y como relajaban las burbujitas, deslizándose por todo el cuerpo. Esto era nuevo, las veces que había ido a un jacuzzi había sido siempre con el bañador o bikini, que tapaban ciertas zonas. Ahora en cambio, el masaje que daban las burbujas se extendía por todo mi cuerpo, y me centré en sentir como el aire se escabullía y me hacia cosquillas en los pechos y en la vulva. Aquello, aunque agradable, me cohibió un poco. Sabrían mis amigas lo que sentía? Joder, claro, ellas estarían igual. Así que estuvimos unos segundos calladas mirándonos hasta que de repente estallamos todas en carcajadas. La gente que había cerca nos miró como si nos hubiésemos vuelto locas, supongo que la sensación de libertad que te da entrar en pelotas en un jacuzzi no será nueva para ellos.
Una vez nos relajamos del todo, seguimos charlando, sin acordarnos de nuestra desnudez, como si toda la vida hubiésemos entrado en el agua en sitios públicos desnudas.
Cuando llevábamos un rato, nos fijamos en una pareja que había unos jacuzzis más allá. Los dos eran rubios, y tenían una cara que parecía sacada de una revista de modelos. Seguramente, sus cuerpos serían iguales, ella con unos pechos operados y perfectos y sin un gramo de grasa en el abdomen. Y él tendría unos pectorales que parecerían de una escultura griega, seguro. Pero lo que nos llamó la atención, fue su cara, la del chaval.
Estaba concentrado mirando fijamente las burbujas, y apretando los labios.
-O este tipo está intentando contar las burbujas que hay en la superficie, o la chavala le está haciendo una paja -nos dijo en voz baja Sara, que no era la primera vez que estaba en aquél sitio.
-Qué dices! -le dijimos todas intentando disimular ente risitas.
Seguimos mirándoles de reojo en silencio, y la chica nos miró. Su mirada, ya lujuriosa de por sí, desprendió puro vicio mientras nos observaba. Le dijo algo al chaval, que también nos miró y nos sonrió, como si no le importase que le mirásemos. De hecho creo que le gustaba y todo. De repente cerró los ojos y apretó los labios. ¡Se estaba corriendo en el jacuzzi!
A los pocos segundos se relajó y la chica le besó. Se quedaron abrazados, disfrutando del masaje que les proporcionaban las burbujas de aire.
-Ay pues que asco -dijo Rosa, que siempre había sido bastante mojigata.
-Ya ves, si a lo mejor alguien se ha corrido aquí! -dijo Gema. Yo estaba en silencio, como aprobando sus comentarios, pero lo cierto es que me había excitado bastante verles disfrutar así.
-Y que más os da? -nos dijo Sara.
-A mi me ha excitado un poco creo -nos dijo Vanesa
Dos contra dos, mierda, me tocaba desempatar a mi.
-Hombre, puede que sea excitante, pero a ver, que no están solos, y cualquiera puede entrar en el jacuzzi.
-Bah, que importa -me replicó Vanesa. -A mi no me importaría que ese tío se me corriera encima -nos dijo medio riendo
-Venga ya! -le dijo Rosa. -Si es que… eres más basta que un arado leñe!
Y todas nos echamos a reír.
El tiempo fue pasando lentamente mientras nos quedábamos medio dormidas en la pequeña piscina hasta que de repente, llegó un chico.
-Hola chicas, me ha parecido oíros hablar en español, y he decidido acercarme, os importa? -Nos dijo mientras se metía en el agua sin esperar respuesta.
Nos quedamos todas sin habla. Gema y Rosa (justo las más vergonzosas) se hicieron a un lado para que el chico se sentase, quedando una a cada lado suyo. Cabe decir que iba totalmente desnudo, ni siquiera tenía una toalla cerca. Cuando entró, quedó sentado justo delante de mi. Había un silencio bastante incómodo en aquél momento. “Mira por dónde, tan animadas que decían estar Vanesa y Sara y ahora están más calladas que un muerto” pensé.
-Bueno, como os llamáis? -preguntó el chaval, con marcado acento catalán.
-Yo soy Vanesa, le respondió mi amiga.
-Yo Sara -dijo la que vivía allí.
Y una a una nos fuimos presentando.
-Bueno pues, que hacéis aquí? Unos días de vacaciones? -nos preguntó el chaval, animado.
-Yo no, yo vivo aquí -dijo Sara. -Pero ellas sí, han venido una semana de vacaciones.
-Ya veo. Yo igual, tenía unos días libres y decidí viajar un poco por Europa, estoy visitando ciudades importantes o famosas. De dónde sois?
Poco a poco nos fuimos relajando todas otra vez y charlamos tranquilamente de banalidades. Jordi, -que así se llamaba el chaval- mientras tanto, me lanzaba miradas de deseo. O eran imaginaciones mías? Pasé del tema y me metí de lleno en la conversación, hasta que de repente, un pie me tocó la pierna. Me quedé paralizada. Sería el chaval? O una de mis amigas, que había decidido estirar las piernas? El pie subió poco a poco por mi gemelo, y bajó, frotándose en mi pierna. Vale, o una de mis amigas se había vuelto lesbiana de repente, o Jordi quería algo conmigo. Intenté mantener la calma mientras una sensación de vértigo subía rápidamente por mi estómago. Que hacía? Nunca había estado en una situación similar, y Jordi mantuvo la calma todo el rato, de hecho no parecía que fuese él quién me estaba tocando. A pesar de mis nervios e inseguridad, no aparté la pierna. Lo podría haber hecho, o podría haberle gritado y le habrían echado, pero algo dentro de mi me lo impedía, estaba disfrutando de aquella situación tan peculiar y excitante.
Finalmente me sobrepuse a las sensaciones que me inundaban y volví a meterme en la charla, pero ahora devolviéndole las miraditas. Que situación tan morbosa! Aunque estuviese fuera del agua, creo que estaría mojada igual!
Estuvimos así un buen rato hasta que se nos terminó el tiempo de estar ahí. Teníamos que salir del agua, pero estaba Jordi mirándonos. Joder que vergüenza. Nos miramos las unas a las otras de forma inquisitiva, y el chico se percató. El muy cabrón disfrutaba de nuestra situación, claro, a él le daba igual, ya venía sin toalla.
-Yo ya estoy cansado de agua, si queréis salimos juntos -nos propuso.
-Venga vale -dijo Vanesa. -Uno, dos, y tres!
Y solo se levantó Jordi.
-Pero vaya tramposas estáis hechas! -nos dijo riendo. -Venga, todas arriba, que no pasa nada mujeres!
Su alegría y desvergüenza nos hizo reír a todas, pero ninguna se atrevía a dar el primer paso. Entonces, no se que diantres me pasó, e hice algo que nunca habría hecho. Me levanté despacio, mirándole a los ojos mientras mis amigas me miraban incrédulas. Si el chaval creía que iba a llevar la iniciativa conmigo, estaba equivocado.
-Woow!woow!! -me vitoreaban mis amigas. A pesar de ponerme roja como un tomate, no me di ninguna prisa en coger la toalla, ni aparté la vista del catalán, que me miraba con una mezcla de aprobación y desafío.
-Lo ves? No era tan difícil, a que no está mal? Esa libertad que te da ir en bolas es una sensación agradable.
Y no le faltaba razón. Aún así, me puse la toalla alrededor del cuerpo, tapándome.
-Venga, salid chicas -les dije a mis amigas.
-Hmm…creo que nos quedaremos un rato más, por que no te vas a tomar algo con Jordi? Luego nos encontramos para la cena. -Dijo Sara.
-Qué? -me quedé totalmente paralizada de miedo. Una cosa era un poco de juego debajo del agua, incluso mostrarme desnuda ante aquél desconocido me había gustado, pero aquello me parecía demasiado! Mis amigas me habían traicionado. “Malditas Judas” pensé sin saber qué cara poner.
-A mi me parece bien -dijo Jordi. -Así nos conocemos, vamos a un café que hay aquí cerca y te invito a tomar algo, que te parece?
Ahora ya no podía echarme atrás, quedaría bastante mal. Pero eso no importaba, no volvería a ver a aquél chico en la vida, qué más daba si me metía en el agua otra vez? Empecé un diálogo interno, una frase a favor, otra en contra.
“No, venga, no seas cobarde y lánzate a la aventura! Que es lo peor que te puede pasar?”
“Y si no es quién dice y me secuestra?”
“Venga ya, has visto demasiadas películas, te mereces disfrutar!”
“Pero si no eres así, nunca has estado con alguien a quién acabas de conocer! Pensará que eres una fresca!”
“Bueno mira, tu verás, tienes la oportunidad de desmelenarte un poco y deberías aprovechar. Además, si no haces algo YA pensará que eres tonta de remate, así que decídete de una vez!”.
-Vale, acepto -dije fingiendo seguridad.
-Perfecto pues, nos vemos en la salida -dijo mientras caminaba hacia el vestuario de chicos con una sonrisa de oreja a oreja.
-Y vosotras os vais a enterar! -les dije amenazadoramente a mis amigas, que no paraban de reírse, mientras me dirigía al vestuario.
Casi no me acuerdo de lo que sucedió mientras me cambiaba, tenía la mente en blanco, actuando como un robot. No paraba de pensar en lo que había sucedido y lo que iba/podía suceder. Solo un café? O luego nos iríamos al hotel? Al suyo o al mío? Y yo sin poder ir arreglada, ni zapatos bonitos, ni vestido. Iba normal, pantalones cómodos y zapatillas de deporte, ideales para patearse los monumentos y sitios emblemáticos de una ciudad, pero ni de lejos la mejor opción para ir a una cita.
Hice lo que pude con mi pelo rizado y un cepillo, y en cuanto estuve presentable, respiré hondo. Que diablos estaba haciendo? Tenía el pulso acelerado, y los nervios me provocaban cosquilleo en el vientre. Me armé de valor y salí. Jordi ya estaba allí, esperándome. Iba con unos tejanos y una camisa azul de cuadros.
-Vaya, que guapa te has puesto! -me dijo mirándome a los ojos.
-Bah, que dices, si ni si quiera me he podido arreglar el pelo como es debido.
-Bueno, así en caso de terminar despeinada, no habrás malgastado ningún segundo. -Dijo seguro de si mismo.
-Oye tu! -le dije riéndome. Menuda confianza tenía!
-Jajaja, venga, vamos a comer algo que tengo hambre.
Fuimos paseando sin prisa por los callejones de Praga. En alguna ocasión, nuestras manos se rozaban y un escalofrío subía por mi brazo. Sentiría él lo mismo? Finalmente llegamos a una cafetería de ésas que las ves y piensas “que hipsters”, de las que si estuviesen en España no tendrían magdalenas, sino muffins o cupcakes. Seguimos nuestra charla mientras merendábamos, aunque cada vez se hacía más picante. Con cada atrevimiento de Jordi, mi calentura aumentaba, tenía las piernas cruzadas y sentía un cosquilleo cada vez más fuerte en mis bajos.
-Pues una vez estuve con una chica a quién le gustaban los pies, pero de una forma que ni te imaginas -me contaba.
-Hmm… no se si sé a qué te refieres…
-Pues que..digamos, que no usó demasiado las manos, y no quería que yo usara las mías.
-Pero con los pies? Qué se puede hacer?
-Uy! Ni te imaginas, si quieres te lo puedo enseñar…-dijo mirándome travieso.
-Pero bueno, que sinvergüenza eres! Jajaja -aunque me estaba haciendo la dura, tenía unas ganas terribles de que me empotrase contra la pared.
-Te digo una cosa? -me dijo en voz baja acercándose a mi.
-Venga, a ver -le contesté acercando mi cara a la suya.
-Tanto hablar de sexo contigo se me ha puesto dura -me susurró en el oído.
-Pues yo tengo que confesarte que me tienes mojada -le dije poniéndome más roja que un pimiento. Ese comportamiento era totalmente nuevo en mi!
-Pues que te parece si vamos al hotel y nos aliviamos? No merecemos estar así ninguno de los dos -me dijo, como si hablara de hacer un bien común para la humanidad, más que de ir a echar un buen polvo.
-Venga, vamos -le contesté emocionada. Salimos del local, y sorpresa! Estaba diluviando. Y mi paraguas y mi chubasquero? En el hotel. Que bonito.
-Venga corre, el hotel donde me hospedo está a 5 minutos andando! -Me gritó Jordi cogiéndome de la mano mientras echaba a correr bajo la lluvia.
-Pero que haces loco! Nos vamos a quedar chorreando!
-Y que más da? Si tu me has dicho que ya lo estabas! Jajaja
No pude evitar reírme a carcajadas mientras le seguía corriendo bajo la lluvia. Al cabo de nada estábamos no mojados, sino empapados. Creo que hasta se me habían mojado las bragas (y ahora de agua).
Finalmente llegamos al hotel, y sin soltarme la mano, pidió la llave de su habitación al conserje. Mi corazón parecía que iba a salirse de mi pecho. Nos metimos en el ascensor, y no pude evitarlo, le agarré la cabeza y le morreé. Sin cortarse un pelo, me agarró de la cintura y me apretó contra su cuerpo, mojado pero caliente. Nuestras lenguas se entrelazaban mientras el ascensor nos subía a la planta de su habitación. Atreviéndose a ir más lejos, me desabrochó el botón del pantalón y me metió mano. No pude hacer otra cosa que dejar escapar un pequeño gemido. Sus atrevidos dedos me acariciaban la vulva por encima de las bragas.
Oímos una campanilla cuando el ascensor se paró, y detrás de las puertas abriéndose, había un matrimonio mayor. Nos miraron mal mientras intentábamos disimular y salíamos del ascensor intentando no reírnos. Seguí a Jordi hasta su habitación mientras se nos escapaba la risa. Justo después de entrar, sin ni si quiera haber cerrado la puerta me agarró y siguió besándome. Le pegó una patada para cerrar del todo, y me empujó con su cuerpo contra la pared. No se como, pero conseguí quitarle la camisa, y él me bajó los pantalones sin dejar de manosearme. Sus manos me acariciaban por todo el cuerpo, haciéndome sentir un escalofrío por donde pasaban. Le bajé la bragueta, y su miembro, totalmente erecto, quedó claramente marcado en sus calzoncillos. Se lo agarré con suavidad pero con determinación. Estaba caliente, y palpitaba a mis manos. La boca de Jordi se deslizaba por mi cuello, haciéndome suspirar mientras sus dedos pellizcaban mis pezones. Empecé un movimiento de vaivén en su pene, haciendo que se le escaparan algunos bufidos. Bajó sus manos hasta mi culo, me acarició las nalgas y me levantó. Me agarré a sus hombros y mis piernas se cruzaron alrededor de su cintura. Sentí como su glande tanteaba mi la entrada de mi vagina. Con los ojos medio cerrados, sentí como me penetraba poco a poco, lentamente, disfrutando cada centímetro de su barra. Entre las oleadas de placer que me acometían con cada embestida de Jordi, un fugaz pensamiento pasó por mi cabeza. “Creía que esto solo pasaba en las películas románticas baratas”. Y aquí terminó toda mi capacidad de razonamiento. Jordi me agarraba con fuerza en los muslos, mi espalda enganchada en la pared soportaba los embistes de aquél macho mientras sus labios recorrían mi busto, parándose a besar el lunar que tenía en mi pecho y mordisqueando mis pezones, haciendo las delicias de cualquier mujer. Mientras no podía evitar que mis gemidos se escurriesen entre mis labios, sentí que se acercaba mi orgasmo. No se cuanto tiempo llevábamos así, aunque creo que no era mucho, pero aquella situación me estaba llevando a tocar el cielo a la velocidad de la luz. Mi vagina inició las contracciones que acompañaban mi orgasmo, exprimiendo aún más el miembro de Jordi. Mis gemidos subieron gradualmente de tono mientras me agarraba cada vez con más fuerza a mi amante. Sus gemidos y bufidos aumentaron de volumen junto a los míos, y sentí como su verga empezaba unos pequeños pero potentes espasmos dentro de mi, acompañados cada uno de un chorro de su semen regándome por dentro. Después de corrernos, nos deslizamos poco a poco hacia el suelo. Mis piernas, que se habían enroscado en su cadera, favoreciendo el abrazo, se relajaron y mis pies volvieron a sostenerme. Aún estábamos mojados los dos, una mezcla de la lluvia y del sudor nos bajaba lentamente por el cuerpo. Estuvimos así, abrazados unos segundos más mientras recuperábamos el aliento y nos recomponíamos. Su pene salió poco a poco de mi vagina, noté como se encogía y recuperaba su tamaño normal. Me separé un poco de él y le miré a los ojos. Volvimos a besarnos, esta vez con ternura. Estaba descansada, aquel orgasmo me había dado energías. Ya no estaba excitada, y por lo que podía ver Jordi tampoco lo estaba. Pero aún así, me moría de ganas de volver a estar con él, ahora sin tanta pasión, ahora quería hacer el amor. Lo llevé de la mano a su cama, y me senté. Terminé de quitarme la ropa y él también se desvistió del todo. Se sentó junto a mi y le besé. Los pelillos de su barba de 3 días me hacían cosquillas en la nariz, como podía ser que antes no lo hubiese notado? Seguí besándole y se tumbó poco a poco, quedando yo encima de él.
Me senté a horcajadas sobre su abdomen, a la vez que me mantenía recostada para besarle y abrazarle. Sus manos se paseaban por mi espalda, masajeándome suavemente para, al cabo de poco, pasar delante y me sobarme los pechos con suavidad, jugando con mis pezones con sus pulgares. Sentí en mis nalgas como su pene crecía y me tocaba. Fui bajando poco a poco, pasando mis labios y mi lengua por su pecho hasta llegar a su falo. Besé la puntita, y me la metí en la boca. Jugueteé con ella con mi lengua a la vez que oía los gemidos de placer de Jordi. Sus manos se agarraban fuerte a las sábanas, y apretaban cada vez que intensificaba el movimiento de la lengua. Aquello me hacía disfrutar como una loca. Cogí sus testículos con cuidado y se los masajeé. Al principio se tensó un poco, atento a sus partes más delicadas. Pero no tardó nada en relajarse, y aproveché para bajar mi boca por su pene, apretando los labios y succionando. Tenía los ojos medio cerrados, e iba soltando gemidos y resoplando. Estuve bajando y subiendo lenta e intensamente un rato más, y luego subí, arrimada a él, sintiendo como su pene se fregaba por todo mi cuerpo. Volví a besarle y me empujó sin brusquedad para ponerse encima de mi. Me mordisqueó los pezones de una forma que me puso a mil, mi pecho subía y bajaba sin parar, y parecía que me iba a estallar el corazón en cualquier momento. Igual que yo, siguió bajando, besando y lamiendo por donde pasaba hasta que llegó a mi vulva. No dio rodeos, y metió la lengua directamente entre mis labios vaginales, probando mis jugos (que seguramente estarían mezclados con su semen, aunque no pareció importarle). Su lengua se movía como poseída, chupando sin parar toda la zona. Con la nariz me hacía cosquillas en el clítoris, haciendo que lubricara otra vez (aunque aún estaba mojada de la vez anterior). Jugueteó unos minutos con mi clítoris, y levantó la mirada. Yo le agarraba de los rizos de la cabeza con fuerza, y miraba al techo, gimiendo en voz baja y con la respiración cada vez más acelerada. Nos miramos y subió, para besarme. Pude notar mi sabor en sus labios, y su pene rozar mi monte de Venus. Se la agarré y se la dirigí hacia mi vagina. Esta vez me penetró suavemente, mirándome a los ojos, con sus brazos alrededor de mi cabeza. Mis manos, puestas en sus glúteos, le marcaban el ritmo deseado. Sentía como entraba y salía dentro de mi, sin prisas, mientras nuestras lenguas y gemidos se mezclaban en una espiral de placer hasta estallar, al cabo de un rato, en un sonoro y agotador orgasmo. Ni si quiera me acordé de ir a cenar con mis amigas, me quedé toda la noche haciendo el amor con aquél chico, de todas las formas y posturas posibles.

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